Eiyuu-ou Vol. 01 - Prologo / Rey-Héroe Inglis.







Volumen 01:

Prologo / Rey-Héroe Inglis.



En Silvaria, la Capital del Reino de Silvare...


Desde un castillo en las colinas que miran a su capital, el Héroe-Rey Inglis, fundador de un imperio que se extiende por todo el continente, esperaba su final. Sus asistentes y sirvientes se agrupaban alrededor de su ornamentado lecho de muerte, sus rostros mostraban el fruncimiento nervioso de niños perdidos.


Y no por nada... este anciano monarca había sido la base de su existencia. Cuando era joven, Inglis había recibido la protección de la diosa Alistia, convirtiéndose en un Caballero Divino con poderes más allá de los límites humanos. Con esos poderes, había abatido a aquellos monstruos que amenazaban a la humanidad, asesinado a los Dioses Oscuros y establecido los cimientos del Reino de Silvare. Su gobierno era justo, los campos eran fértiles y sus súbditos sonreían durante su reinado. Ciertamente, había construido un reino que perduraría durante mil años.


Tras presenciar sus hazañas altruistas y el noble espíritu de su gobierno, los sabios declararon con confianza que era el más grande de los reyes que había existido. Los bardos habían cantado cientos, luego miles, de canciones alabándolo. Sin embargo, ahora había llegado a sus últimos momentos en la tierra que había construido. Incluso el más grande de los héroes no puede eludir las manecillas del reloj, y un Reino de Silvare sin el Rey Inglis era algo que ninguno de ellos había conocido jamás. No había palabras de consuelo que pudieran aliviar sus temores.


“No frunzan el ceño”. Dijo el Rey Inglis, su tono era gentil mientras intentaba tranquilizar el ambiente. “¿Cómo puedo descansar en paz si no me permiten seguir adelante?” El anciano rey apenas podía levantarse por sí mismo de la cama.


“¡E-Entonces, mejórese! Su país, su pueblo, necesitan su fuerza”. Gritó un sirviente con lágrimas en los ojos.


“Si sólo pudiera. Pero no, este es mi destino. Mi bien merecido descanso. Jamás hubiera logrado todo lo que tengo sin su ayuda, y se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón. El futuro, no obstante, está en tus manos...”


Sus sirvientes siguieron llorando. Por muy agradecidos que estuvieran por su reconocimiento, estaba claro que su hora había llegado. Todo lo que podían hacer era asegurarse de que su muerte llegara con delicadeza.


“Inglis...”


La voz de una mujer sonó claramente en sus oídos. La recordaba de hace mucho tiempo... El único ser que sabía que no necesitaba ser respetuoso con su persona, independientemente de que lo deseara o no.


La vida era extraña. Cuando era joven, ni siquiera se había planteado ser rey. Creía que podía vivir sólo con la fuerza de sus brazos, pero entonces la conoció a ella y todo cambió.


“Ha... Ha pasado tanto tiempo”. El rey perdió su compostura cuando una mujer envuelta en brillantes vestiduras blancas apareció a los pies de su cama sin previo aviso.


“Su Majestad, ¿qué es lo que ocurre?” Preguntó un sirviente.


Naturalmente, no podían verla; un dios revela su forma sólo a aquellos seres humanos que elige. Como Caballero Divino, medio humano y medio dios, Inglis podía verla claramente... La diosa Alistia, quien le había concedido su protección. Ella le había otorgado su poder cuando era joven.


“No es nada. Déjenme por un momento. Deseo estar solo”. Dijo Inglis.


Sus sirvientes salieron de la habitación, sin que ninguno notara la presencia de la diosa. Ahora, a solas con ella, el rey Inglis sonrió.


“Ha pasado tanto tiempo. ¿Cuántos años han pasado desde que nos vimos por última vez? Sigues siendo tan hermosa como siempre. Esperaba verte una vez más antes del final”.


“Y yo también. Inglis...” Alistia recorrió con su mano el ceño arrugado de Inglis. “Has trabajado muy duro. De verdad. Tanto por el mundo como por la gente que hay en él”.


“Así que mis modestos esfuerzos han tenido algún mérito. Supongo que he impartido algo a lo largo de estos años”.


“Eh, heh, heh. Eso se aplica también a mí. No me equivoqué al elegirte como Caballero Divino”. Alistia sonrió con una belleza sobrenatural después de soltar una carcajada. “Inglis, me presento ante ti para...”


“Lo sé. ¿Para ofrecerme un último consuelo?”


“Por supuesto que no. Después de tanto esfuerzo, me gustaría recompensarte. ¿Cuál es tu deseo? Cualquier cosa que pueda conceder, lo haré”.


“¿Cualquier cosa?”


“Sí. Te lo has ganado con tus actos”. La diosa asintió profundamente, orgullosa de él.


Inglis pensó en silencio por un momento.


(No hay vergüenza en la vida que he vivido. Debería estar orgulloso de lo que he logrado, pero... aún queda ese: ¿Qué tal sí?)


(El espíritu humano, una vida humana, contiene más complejidades de las que permite un solo camino).


El mayor arrepentimiento del Rey Inglis era no haber dominado nunca la espada. Incluso como Caballero Divino con poderes sobrehumanos, sus deberes como rey le habían impedido incluso el más simple de los ejercicios de entrenamiento, especialmente desde la fundación del Reino de Silvare. Como Guerrero, eso era lo que más lamentaba. Por lo tanto, el Rey Inglis respondió:


“Muy bien, entonces. Si tuviera un deseo, ese sería renacer”.


“¿Por qué?”


“Para vivir una vida diferente. He ofrecido la totalidad de mi ser a mi reino, a mi gente. No tengo remordimientos por ello, sólo orgullo”.


“Es evidente para mí”


“Pero si hubiera vivido como Guerrero, en lugar de como Rey... Tengo curiosidad por saber cuán lejos me habría llevado mi fuerza. Si me lo permites, me gustaría intentar vivir esa vida”.


“Ya veo. Recuerdo que eras un Mercenario cuando nos conocimos”.


“Ciertamente. Y en el fondo, una parte de mí todavía se identifica más como un Mercenario sin nombre que como Rey. ¿Puedo renacer? Lo suficientemente lejos en el futuro para ver el destino de la tierra que construí? Para ver cómo los que vienen después de mí toman mi manto... Me gustaría descubrir en qué se convertirá mi trabajo aquí”.


“Lo entiendo. Inglis, te concederé tu deseo”. La diosa lo miró cálidamente. “Esperaré el día, muy lejos en el futuro, después de tu renacimiento, cuando nos reunamos de nuevo”.


Ella abrazó el frágil y marchito cuerpo de Inglis, y él cerró sus ojos mientras se apoyaba en sus brazos. En un abrir y cerrar de ojos, se había ido.


Mientras el sol se deslizaba desde los cielos esa tarde, también lo hizo el rey Inglis de este mundo. Sus últimas horas las pasó en su balcón, contemplando el país que había construido y a los leales súbditos que amaba. Muchos de los ciudadanos vieron el momento en que el Rey-Héroe falleció, con una expresión serena y llena de bondad beatífica. El Reino de Silvare había perdido a su padre y seguiría su propio camino en el mundo sin él.


El tiempo continuó su marcha...


Durmió durante lo que se sintió a la vez como eones, pero también como meros momentos.


Finalmente, el Rey Inglis sintió que su conciencia regresaba. A través de una visión borrosa, miró a dos figuras humanas, una mujer de cabello negro y un hombre de cabello plateado. El hombre levantaba a Inglis en alto.


Inglis se sentía pequeño, apenas capaz de moverse. Ahora era un recién nacido.


(Entonces realmente renací... Un poder divino, por lo que se ve).


Era ciertamente una gran hazaña.


El hombre de cabello plateado levantó alegremente a Inglis en el aire, adoptando el tono de un padre orgulloso. “¡Ah, ha, ha, ha! Inglis está volando... whoosh, whoosh!”


El mar de las eras aún no había borrado el nombre de Inglis. Estaba bien con eso. Después de pasar toda una vida usándolo, estaba apegado a él.


“Cariño, Inglis estará asustada ahí arriba”.


“Oh, cierto, lo siento. Sin embargo, ¡bien hecho, Serena! Es tan hermosa como tú”.


(¡¿Qué?! ¡¿Soy una chica?!) Inglis intentó gritar de sorpresa, pero todo lo que salió fue un “Goo, goo... ga, ga!” de bebé.



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