Eiyuu-ou Vol. 01 - Capítulo - 01 / Inglis, edad 0.







Volumen 01:

Capítulo 01 / Inglis, edad 0.



A pesar de que Inglis había nacido una vez más mediante poderes divinos, un bebé era una cosa delicada: apenas podía moverse y se cansaba en cuestión de minutos cuando lo hacía. Antes de que él... no, ella... tuviera su primer cumpleaños, no podía hacer otra cosa que vivir como un bebé normal.


Inglis había nacido en la Casa Eucus, una familia caballeresca menor. Su padre, Luke Eucus, era capitán de los caballeros del Lord local, y su madre, Serena, había luchado en su compañía antes de retirarse. Incluso siendo un bebé, Inglis entendía todo eso. Todavía no podía hablar, pero podía escuchar.


Cualquiera que fuera la conmoción inicial que pudiera haber sentido al renacer como mujer, el inconveniente de ser tan joven era mucho más intenso. De todos modos, a Inglis nunca le había importado mucho el género. ¿Cuánto tiempo había pasado desde su vida anterior? ¿En qué se había convertido el amado Reino de Silvare del Rey-Héroe levantado por la propia mano de Inglis? Aunque esas preguntas rondaban su mente y le preocupaban, su incapacidad para hablar o incluso moverse de forma independiente era mucho más frustrante.


Hoy, la madre de Inglis, Serena, le había colocado en una cuna alrededor del mediodía. Inglis fingía dormir mientras su madre, creyendo que la niña estaba descansando, se mantenía ocupada con las tareas domésticas; estos momentos eran una oportunidad para que Inglis realizara un pequeño entrenamiento a escondidas. Sin duda, no pasaría mucho tiempo hasta que se cansara y se quedara dormida...


Pero hasta ese momento, pasaba ese corto tiempo entrenando.


Un bebé puede no ser capaz de agarrar la empuñadura de una espada, pero había cosas que podía hacer. Incluso siendo una recién nacida, mantenía las bendiciones de Alistia. Seguía siendo un Caballero Divino, mitad humano y mitad dios, revestido con la voluntad divina... Sus poderes estaban intactos, incluida su capacidad de percibir no sólo el éter, sino también todo lo que implica.


El éter era la fuente de todas las cosas. Todo en el mundo estaba compuesto de éter, diferenciándose sólo por su naturaleza. Incluso el mana, la fuente de la magia, era éter cristalizado.


Tejer el flujo del éter, moldear el mundo a la propia voluntad, controlar el propio destino... ese era el poder de lo divino. Era una tarea difícil, mucho más exigente que extraer la magia del flujo del mana. También era mucho más poderoso. Cuando el rey Inglis recibió el don de la manipulación del éter, en su otra vida, ya era un adulto. Su técnica era tosca, básica. Había sido suficiente para reclamar el título de Rey-Héroe y construir el Reino de Silvare, pero...


A pesar de que sus poderes habían sido sobrehumanos, apenas podía arañar la puerta de la posibilidad. Los años transcurridos habían alejado las pocas horas que el Rey-Héroe hubiera querido dedicar a su entrenamiento. Como Inglis Eucus, no obstante, tenía todas las posibilidades de perfeccionar sus habilidades con el éter desde la infancia para superar ampliamente su vida pasada. Podía perfeccionar el camino del Caballero Divino, para pisar donde incluso los dioses temían.


¿Qué vista tendría desde esa elevada posición? No tenía ni idea, pero lo averiguaría. Se le había otorgado una segunda vida para dominar la espada, y no iba a desperdiciar ni un solo momento.


A pesar de su incapacidad para mover sus propios miembros, podía manipular el éter. Concentrándose, se esforzó por alcanzarlo con su mente. Con el más leve toque de éter, su cuerpo flotó en el aire. No está mal para un recién nacido. Ahora tenía que practicar para mantener el efecto en su lugar...


O eso pensaba, pero parecía que eso no estaba permitido el día de hoy.


Voces de pánico resonaron desde las calles en el exterior. “¡Bestias Magicite! ¡Todo el mundo, evacuen! ¡Vayan al castillo!”


¿Qué era una Bestia Magicite? Había escuchado a sus padres mencionarlas ocasionalmente, pero en realidad nunca había visto una. No habían existido en su vida pasada. ¿Eran algún tipo de monstruo temible?


“¡Chris! Salgamos de... ¡Eeek! Estás... ¡¿Estás volando?!” Exclamó su madre mientras irrumpía en la habitación del bebé, usando un apodo para la niña.


(¡¿Me ha visto?!) Inglis se acomodó rápidamente en su cuna y comenzó a llorar como una distracción. “¡Waaah! ¡Waaah!”


“¡D-Debo haber estado viendo cosas! De todos modos, ¡tenemos que sacarte de aquí! Si te pasara algo, no sería capaz de... No te preocupes, Inglis. Mamá está aquí para llevarte a un lugar seguro”. Tomando a Inglis en sus brazos, Serena salió corriendo de la casa.


(¿Conseguiré ver lo que es una Bestia Magicite? Estoy lejos de la fuerza que tenía en mi vida pasada. Es una pena que no haya sido capaz de probar mis poderes en algo, como un monstruo temible).


Eso esperaba la pequeña Inglis, acunada en los brazos de su madre.






Mientras Serena huía hacia el castillo con Inglis, se encontró con alguien que la buscaba en las puertas.


“¡Serena! Gracias a Dios, ¡estás a salvo!”


“¡Irina! ¡¿Me estabas esperando?!”


Irina era la hermana de Serena... en otras palabras, la tía de Inglis. Las dos hermanas eran cercanas, por lo que Inglis veía a Irina a menudo. Irina se había casado con el Duque Bilford, el Lord de la Ciudadela de Ymir donde había nacido, y por tanto era Duquesa, y Serena se había casado con el Capitán de los Caballeros del Duque Bilford.


Esta era la nueva vida de Inglis: era pariente cercana del Duque e hija del Capitán de sus Caballeros. Era una diferencia de la noche al día en comparación con su vida anterior en la que había nacido en una humilde aldea agrícola. En cualquier caso, no le preocupaba tanto su estatus social sino lo que podía conseguir con él.


“¡Por supuesto que sí! ¡Estaba preocupada!”


“¡Pero no puedes dejar a Rafael y a Rafinha solos así! Deben estar muy asustados”.


Irina tenía un hijo y una hija, y la hija, Rafinha, era también una niña. Inglis se había reunido con la niña muchas veces. ¿Estaba Rafinha igualmente disgustada por el inconveniente de tener un cuerpo de bebé como Inglis? Si tenía la mente de un adulto, sin duda lo estaría. Sin embargo, eso era poco probable. Rafinha probablemente no entendía lo que estaba pasando.


“¡Está bien, Rafael está cuidando a Rafinha! ¡Vamos!”


“¡De acuerdo!”


Serena llevó a Inglis al castillo. El tercer piso era el alojamiento privado de la Familia Ducal, donde se les daría refugio. La robusta construcción del castillo era mucho más segura que su casa.


Al llegar a su destino, vieron a un niño de siete u ocho años con un bebé en brazos esperándoles.


“¡Madre! ¡Estás a salvo!” Dijo Rafael, el hijo mayor del Duque Bilford y presunto heredero. Era un niño de aspecto inteligente, con cabello y ojos negros.


“Rafael, ¿Rafinha está bien?”


“¡Sí, está aquí! Está siendo una buena niña”.


“Ya veo. Bien, entonces...” Irina se volvió hacia Serena. “Esperemos aquí hasta que los Caballeros expulsen a las Bestias Magicite”.


“Como tú digas”. Serena aceptó mientras ambas madres asentían mutuamente.


Desde los brazos de su madre, Inglis fijó su mirada en la escena del exterior. La habitación tenía una buena vista. Desde aquí podía ver la batalla en lo alto de las murallas que rodeaban la ciudad. Había un monstruo gigantesco parecido a un lagarto, varias veces más grande que un humano. Un par de alas duras y negras sobresalían de su espalda, y en su frente, cuello y espalda había protuberancias cristalizadas parecidas a gemas de colores variados, que abarcaban desde el rojo hasta el aguamarina y el púrpura. Inglis se preguntó si aquellas gemas en su cuerpo eran el motivo por el que se le llamaba Bestia Magicite. Incluso desde la distancia, la forma en que esas gemas brillaban implicaba que se trataba de mana condensado.


Parecía haber al menos diez de los lagartos a lo largo del ducado. Los guerreros que debían ser los Caballeros que mencionó su madre prepararon sus armas para hacer retroceder a las bestias. La familia de Inglis observaba con ansiedad. Sus expresiones eran serias, pero no sorprendidas. Por lo tanto, Inglis dedujo que ataques como este debían ocurrir de vez en cuando en esta nueva era.


(Hmm, parece que la vida en esta era es peligrosa. Pero estoy bien con eso).


Parecía haber bastantes oportunidades para luchar. Cazar a las asquerosas y gigantescas Bestias Magicite probablemente no sería un mal camino en la vida. Sólo tenía que crecer para que pudiera intentarlo.


(¡Mis manos! ¡Mis manos me llaman! ¡Pero no puedo moverme como quiero!) Inglis gritó dentro de su corazón, pero los únicos sonidos que pudieron salir de su boca fueron “¡Daa! ¡Ga, ga, ga!”


“¡Chris! ¡Tranquila!” Exclamó su madre.


“Es natural. Debe ser la primera vez que ve una Bestia Magicite”. Irina abrazó a Rafinha, que también lloraba. “No me extraña que esté asustada”.


“Tienes razón. Si estos niños pudieran vivir en tiempos más tranquilos, en un mundo sin Bestias Magicite, pero...”


(¡No, madre! ¡Necesito un enemigo para luchar! ¡Necesito enfrentarme a esas Bestias Magicite! ¡Necesito averiguar qué puedo aprender venciéndolas!) “¡Waaa!” Gruñó ella.


“Ya, ya, Chris. No tengas miedo. Mami te mantendrá a salvo”. Serena acunó a Inglis en sus brazos, con ojos llenos de amor maternal.


(¡No! ¡Odio esto! ¡Es mi oportunidad y ni siquiera puedo moverme!).


Había otra persona que sentía lo mismo.


“Es una pena. Ya he conseguido mi runa, y aún así tengo que mirar desde aquí”. Se quejó Rafael después de una pausa.


Este era otro nuevo descubrimiento, pero Inglis podía notar que probablemente era una marca en los cuerpos de los Caballeros de esta era. Su padre, el Capitán de los Caballeros, y su madre, una antigua Caballero, ambos portaban un símbolo en forma de cresta en su mano dominante. Parecía ser algo necesario para controlar las armas utilizadas para luchar contra las Bestias Magicite.


“Rafael, la tuya es una runa especial”. Dijo Irina. “Es la marca de aquellos elegidos para traer la esperanza. No podemos arriesgarte ahora. No hasta que desarrolles tu poder. Lo entiendes, ¿verdad?”


(Así que la runa de Rafael determinó que sería un Héroe). Inglis lo entendía bastante bien, por su vida pasada como Rey-Héroe. Cuan duro podía ser el deber de un héroe, o incluso el deber de un heredero noble. Sus cargas eran pesadas.


“Sí, madre...” Rafael respondió con inquietud ante la insistencia de Irina. Él quería afrontar esa responsabilidad ahora; no esperaba que lo retuvieran.


“Esto debe servir como un claro recordatorio. No importa lo que suceda aquí, tienes que sobrevivir. Incluso si eso significa abandonar al resto de nosotros. Recuerda lo importante que eres”.


“¡Pero…! ¡Madre, yo...!”


Claramente su madre no esperaba que algo así ocurriera hoy, pero incluso el pensamiento era difícil de soportar para un chico serio como Rafael.


Dicho esto, algunas veces las palabras adquieren un significado propio.


(Habla del diablo y aparecerá).


*¡Craaasssh!*


La ventana de su habitación se desprendió de su marco mientras una de las Bestias Magicite se alejaba de los Caballeros y se dirigía hacia el escondite de la familia.


“¡Eeeek!”


Irina salió volando por el impacto del lagarto alado. Protegió a Rafinha con sus brazos, pero no pudo rodar de forma segura para protegerse del golpe. Se estrelló de cabeza y cayó inconsciente. El impacto del aterrizaje sacudió a Rafinha, quién comenzó a llorar.


“¡Madre!” Gritó Rafael.


“¡No! ¡Tienes que escapar!”


Serena detuvo a Rafael cuando se disponía a desenvainar su espada antes de levantar a Rafinha. Colocó a ambas niñas en los brazos de Rafael y tomó un estoque de un estante en la pared.


“¡Yo lo contendré! ¡Tómalas y sal de aquí!”


“Pero... ¡Tía Serena! ¡Esa espada no puede ni siquiera arañarles!”


El lagarto dirigió su nefasta mirada a Serena. A pesar de que ya no era un caballero, se las arregló para bloquear su feroz ataque. El problema era la poco fiable espada que tenía en su mano. Su delgada construcción no podría soportar muchos golpes antes de doblarse hasta volverse inútil.


“¡Rápido! ¿Qué estás esperando?” Serena le ordenó a Rafael.


“¡Rani! ¡Chris! Lo siento, ¡sólo esperen un poco!” Escondiendo a Inglis y Rafinha a la sombra de un pilar, Rafael sacó su espada y corrió junto a Serena. “¡Te cubro las espaldas! Si podemos aguantar un poco más, ¡un Caballero con un Artifact estará aquí!”


Un Artifact... ese debe ser el tipo de arma que los Caballeros modernos empuñan contra las Bestias Magicite.


“¡No! ¡Te dije… que no! ¡Fuera de aquí!”


“¡No voy a ir a ninguna parte! Si no puedo salvar a la gente que tengo delante, ¡¿cómo seré capaz de salvar a alguien?!”


Su joven voz, todavía aguda, sonaba a pesar de todo con pasión. Inglis empezaba a sentir aprecio por su primo mientras más lo veía. Luchar contra el peligro y levantarse siempre por su propio pie, era lo que convertía a alguien en un héroe, no el hecho de ser llamado como tal. Se demostraba a través de la determinación y el esfuerzo.


“¡Ngh... ugh! ¡Whoa!”


“¡Aaaaah!”


Pero por más que ambos se esforzaron, eventualmente, fueron golpeados de nuevo contra la pared.


“¡Tía Serena! ¡¿E-Estás bien?!”


“Ugh...”


El mundo empezaba a oscurecerse a su alrededor. Pronto, estarían a merced de la bestia... y entonces, con ellos fuera, no habría nadie para proteger a la inconsciente Irina o a las jóvenes Inglis y Rafinha.


(Supongo que es mi turno, entonces. No puedo dejar que mi propia madre sea asesinada. Y definitivamente el chico también ha demostrado su valía...)


Inglis había decidido vivir su nueva vida por sí mismo. No tenía ningún interés en convertirse en héroe... pero ciertamente no tenía inconveniente en ayudar a alguien que lo hiciera. Sería una pena si muriera aquí.


No había mucho que un niño pudiera hacer, pero... No hay nada malo en intentarlo. Incluso sin mover un dedo, podía aplastar a la bestia con puro éter físico. Era una técnica básica, que conocía incluso en su vida anterior. [Aether Strike], si tenía que darle un nombre. Nunca lo había probado desde su cuna, por temor a derribar la casa a su alrededor, pero aquí, con todo en ruinas y todos los testigos potenciales fuera de combate, no había razón para no hacerlo.


“¡Daaa! ¡Goo, goo, ga, ga, ga!”


Por muy jóvenes que fueran, los ojos de Inglis tenían una clara chispa. Un destello azul pálido de luz surgió, transformándose en una gigantesca bala brillante que se estrelló contra la bestia.


*¡Blammmmmm!*


La bala envolvió entonces a la criatura parecida a un lagarto, llevando su cuerpo directamente a través de la pared. Cuando cayó, se arrugó y se quemó en el aire, convirtiéndose en una nube de ceniza blanca en el viento.


(No está mal para un bebé, supongo), Pensó. Obviamente, su práctica había sido un tiempo bien empleado.


Rafael, con su espalda apoyada en la pared, jadeó conmocionado. “¡¿Cris?! ¿Q-Qué fue...?”


Inglis habría apretado los dientes si hubiera tenido pleno control sobre su mandíbula.


“Estamos salvados...” Se desplomó en el suelo, esta vez inconsciente.


Si lo recordaba como un sueño, o como una alucinación por el estrés, sería mucho mejor. Mientras pensaba en las consecuencias, Inglis sintió que una ola de agotamiento se apoderaba de ella. A pesar de tener un poder tan puro, seguía siendo una niña, después de todo.


Gritos preocupados resonaron en la escalera desde abajo. “¡Lady Irina! ¡Rafael! ¿Se encuentra bien?”


Los refuerzos deben haber llegado. Quizás ella también se deslice hacia el sueño. Había querido presenciar todo, pero su cuerpo de recién nacida la traicionó.


Cuando volvió a despertarse, estaba de nuevo en la seguridad de su propia cuna, bajo su propio techo. Podía oír las voces de su madre y de su padre, así que ellos, al menos, estaban a salvo.


Un tiempo después, Rafael parecía tratarla con cierta admiración contenida, aunque todavía seguía sospechando. Sin embargo, como ningún adulto estaba dispuesto a creer que una niña había logrado semejante hazaña, y no hubo señales de su poder en los pacíficos meses siguientes, incluso él comenzó a creer que el estrés, la confusión y el dolor simplemente habían engañado a sus ojos.


Sin embargo, lo más importante es que Inglis sabía ahora que las Bestias Magicite eran algo nuevo en el mundo. De lo que pudo escuchar de sus padres, las criaturas atacantes eran de una clase más pequeña y débil, y había enemigos mucho más feroces aún por enfrentar. Su padre incluso había mencionado que algunas eran tan poderosas como para arrasar un reino entero.


Una perspectiva fascinante. Por ahora, debía desarrollar sus propias habilidades hasta que pudiera luchar contra una de ellas.


Y así, la pequeña Inglis siguió adelante.




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